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Sobre el delirio italiano

Esta semana que se fue hemos asistido al espectáculo político televisivo de la dimisión de Enrico Letta como primer ministro italiano. Visto desde fuera, la historia cumple con todos los ingredientes que el país de la bota nos lleva regalando desde hace más de tres décadas, irracionalidad y absurdo incluidos.

Traiciones entre compañeros de partido-ha sido el tal Mateo Renzi-un tipo con cara y ademanes de querer ir muy rápido en la vida, con la zozobra que eso debería suponer para sus compatriotas-el que ha obligado a dimitir a su compañero, un entramado donde vuelve a asomar la cabeza del inefable Silvio Berlusconi, urdidor y sostenedor parece de esta nueva jugada rocambolesca, tribunales y condenas de por medio, una caricatura de un muñegote de Canal + intentando curar antiguas venganzas, las imágenes en la tele de Renzi humillado en un concurso con unos veinte añitos y aspecto de niño empollón.

En breve imagino volverán a aparecer las belinas y sus juegos oscuros en las camas del poder y ya los tendrán a todos.

Desgraciada Italia que ha convertido su política en una especie de patio de vecinos más cercano a la peor edición de Sálvame que a lo que debería ser un sistema parlamentario moderno. Ejemplo también en este caso de que el enemigo siempre aparece más cerca de lo que creemos o de que en política volvemos a entender que el concepto de confianza vale menos que un voto en las próximas elecciones Europeas.

La naturaleza humana demuestra una vez más que en el ansia de poder y foco, todos los juegos se permiten y las partidas son tan rebuscadas que acaban por hastiar al personal.

Un cronista vecino decía que la sociedad italiana vive anestesiada ante esta espiral incomprensible, ha decidido tirar la toalla de la racionalidad y la lógica; simplemente ha confirmado que aquellos que les mandan no existen, como si fueran personajes de su Pirandello natal; que es lo mismo un anciano vergonzante que compra votos que un cachorro hambriento que los ningunea. En su vida diaria no aparecen ni tienen relevancia. Son actores de un infame comedia bufa.

Esperemos que trascurra mucho tiempo para que la incompetencia de nuestra clase política acabe convirtiendo el alma española en una callada copia de la de nuestros vecinos latinos. Sería la peor de las noticias posibles en un escenario de encuestas de suspensos inequívocos para quienes nos gobiernan.

Que algo de lo que nos llega nos sirva de aprendizaje, que la anestesia no tengamos que ir a buscarla a la Seguridad Social.