Close-upf of ill woman with a mask looking at the camera

Semana de película y anestesias

De película podríamos decir que resultó la semana que se fue. Empezando por esa alta tensión que no para de crecer entre Ucrania y Rusia, con imágenes incluidas de ese Yanukovich rompiendo un bolígrafo de rabia en medio de una rueda de prensa, antes de volver a reivindicarse como presidente al menos de la mitad de los ucranianos.

Miedo da su rostro y su reacción, como miedo da la vida del detenido Chapo Guzmán. El detenido capo de la droga mexicana, era el hombre más buscado en el mundo, una vez muerto Bin Laden y la lista de leyendas en torno a su figura daría para hacer una peli de verdadero terror.

De terror y también cinematográfico aunque está vez más cotidiano siguen siendo esos espectáculos del salto de la valla en Melilla. Esta semana y de nuevo jugándose la vida, unos doscientos africanos volvían a conseguir alcanzar territorio español en medio de una creciente presión europea para que España explique el incidente de las famosas pelotas de goma.

Impactante la imagen de uno de estos pobres sufridores gritando a las cámaras “Gracias España. Te quiero España”, como si hubiera aterrizado de su vertical aventura en  la Tierra Prometida.

Y mientras tanto entre tanto drama y tensión, en España tenemos anestesia. Anestesia escenificada en ese Debate del Estado de la Nación que según nos dicen los medios solo vio el 1% de los españoles, dato por otro lado normal, pues tan sólo el 24 horas de TVE se atrevió a ofrecerlo íntegro y en directo.

La desafección hacia nuestros políticos es ya endémica en el país, y es muestra perfecta del nulo interés que provocan cada uno de sus debates, cada una de sus propuestas, cada una de sus olvidadas caras o expresiones. La gente ha decidido que la tensión necesaria para que la vida parezca vida queda muy lejos de las vacías frases de quienes nos representan. Y ha desertado.

Esa Tierra Prometida que tanto persiguen los saltadores o los luchadores ucranianos es un lugar donde la fe sólo se manifiesta cada dos años con la Roja, donde la gente se volvió sorda de tanto ruido, donde cada uno se preocupa, que bastante es, de no engordar esas jodidas estadísticas que tan fríamente canta nuestro presidente.

Aquí no hay tensión, ni drama, ni película, simplemente el silencio de cuando se apagan las luces de la sala de proyección.