emoticonos

Nuestro cerebro reconoce los emoticonos igual que las expresiones reales

Tenía que llegar el momento. El día en que los emoticonos estuvieran tan asimilados para nosotros que su sola visión evocara sensaciones totalmente reales. No se trata ya de una cuestión cultural, sino, como indican estudios recientes, de una nueva configuración de nuestro cerebro.

El cerebro es un músculo, lo sabemos bien, y como tal puede entrenarse y readaptarse en función del “ejercicio” al que le sometamos. Y está claro que ya estamos más que habituados a ver en nuestra vida diaria, en todas partes, los emoticonos más comunes, al menos los que expresan alegría, tristeza, sorpresa… Según la página io9.com, un estudio publicado en la revista Social Neuroscience ha querido demostrar que ya no hay diferencia alguna en la manera en que percibimos las expresiones reales y las figuradas de esta manera.

Para esto, la Universidad Flinders, en Australia, tomó a veinte participantes y puso delante de ellos una serie de los emoticonos más conocidos, al tiempo que hacía lo mismo con rostros de personas reales que expresaban idénticas expresiones. El resultado de monitorizar la respuesta cerebral fue que no había diferencia alguna entre ambos estímulos. Esto ha llevado a la conclusión de que los dos se procesan en la misma zona occipital y producen el mismo tipo de señal N170, empleada para medir la respuesta a los factores externos.

No todos los emoticonos son iguales

Sin embargo, hay una pequeña variación, también lógica para cualquiera que se mueva habitualmente por el ámbito online. Los iconos como :) o :( son los que se procesan de esta manera y producen una respuesta mayor por parte del cerebro; en cambio, esas variantes que se han empezado a popularizar y que los muestran al revés no se han asimilado de la misma manera, y la intensidad de la señal resultante es menor. Aunque es de suponer que sólo será cuestión de tiempo que aumente… si es que llegan a alcanzar un uso más generalizado.

Así que ya sabéis, podéis perder el recelo y la vergüenza a la hora de utilizar emoticonos en cualquier comunicación. Si alguien os lo reclama como inadecuados, podéis dejarle claro que su cerebro no opina lo mismo.