Low price stickers set.

Momentos low cost

Vivimos un momento low cost. La crisis económica ha llevado al desarrollo de multitud de iniciativas que ponen el foco en un precio reducido para la venta de sus productos y servicios. El último ejemplo lo viví el pasado fin de semana. Los bares comienzan a ofrecer medios gin tonics como fin de una comida o simplemente durante la noche. La idea parece buena si tomamos en cuenta que no afecta en la misma medida a la conducción y además supone un ahorro para el bolsillo. Si seguimos la tendencia actual creo que resultará exitosa.

En la misma línea han despuntado iniciativas como El Tenedor o Réstalo, que consiguen ofrecernos la más variada gastronomía a precios más que reducidos. En este caso ha sido el sector gastronómico quien ha debido recurrir a estas fórmulas para sobrevivir.

Así llevamos visitando outlets de ropa y calzado desde hace años, nos hemos enamorado de Ikea o hemos aprendido a comprar al por mayor en Primark. La Sureña en Madrid ha abierto diez establecimientos con sus cubos de botellines y sus raciones de gambas por seis euros, o los cines en nuestra ciudad hace dos semanas, presentaban colas nunca vistas en años pues la entrada sólo valía 3 euros. Cuando pensamos en nuestros móviles ya no hablamos sólo de Movistar u Orange. Existe Pepephone, Symio, Lebara, Carrefour…

El problema del low cost radica en el low service, en el hecho de no recibir el mismo producto o la misma atención, en  sentirnos clientes de segunda. En un país cada vez más polarizado por las tensiones económicas-no olvidemos que los ricos no han dejado de crecer durante estos años- no deberíamos acostumbrarnos a un ocio low cost, a una comida low cost, a una casa low cost y me refiero a que las gambas deberían seguir sabiendo a gambas, las mesas junto al baño en un local no nos deberían parecer aceptables y en los outlets los agujeros en las costuras no tendrían por qué tener que coserse en casa.

Todo cuanto exijamos de calidad a estas ofertas, nos reconciliará con el hecho de seguir sintiendo que la crisis solo se llevó abajo los precios y no con ella nuestro gusto y nuestro sentido común. Y eso lo haremos posible con nuestras adhesiones de clientes con criterio.