Fun with granny and grandpa in the leaves

¿Influye la genética en el carácter de los niños?

Cuando nace un bebé, siempre solemos mirar a quien se parece, si al padre o la madre. El parentesco que más nos importa en ese momento es el físico. Este parentesco será producido por nuestros genes o los de nuestros antepasados. El color de su pelo o de sus ojos ya está predeterminado antes de nacer, pero, ¿y su carácter?

¿El carácter nace o se hace? ¿Podríamos afirmar que ya “viene de serie” como el color de los ojos o la altura? O por el contrario, ¿se forja con el paso de los años y las vivencias de nuestros pequeños?

Desde su nacimiento, los niños traen su genio y su carácter propio. Sí es cierto, que la educación y la formación que les ofrezcamos tendrá mucho que ver con lo que serán en un futuro.

Aquí tenemos una enorme responsabilidad. Si tenemos un bebé con un carácter fuerte vamos a tener que dedicarle muchos esfuerzos y muchas horas a su formación. Formación de personalidad, de lo que el niño acabará siendo cuando sea adulto.

No solo debemos enseñarle a hablar, comer, dormir…debemos enseñarle a defenderse por sí solo en la vida, en el respeto hacia los demás y hacia él mismo. A ser ambicioso si es conformista y a conformarse si es demasiado ambicioso.

Contando con que ya nace con nuestros genes, puede que nos resulte más difícil de lo que creemos. Posiblemente veamos reflejado en él nuestros defectos y nuestras virtudes. ¿Seremos capaces de diferenciar unas de otras?

Ser padres es el desgaste mayor que asumiremos en nuestras vidas, el mayor desafío, y el mayor triunfo si logramos hacerlo bien. Lo peor es que si no lo hacemos bien, no tendremos otra oportunidad. ¿Puede haber una presión mayor?

Seamos siempre consecuentes, dialogantes y aprendamos a decir “no”. Darle a nuestro pequeño todo lo que quiere no es hacerle un favor. Decirle que sí a todo no es un beneficio. Un niño necesita pautas de control, si no se las enseñamos nosotros, las echará en falta a lo largo de su vida.

No cojamos el camino fácil, cojamos el camino correcto. Actuemos con determinación y cariño, con respeto y amor, y hagamos de la formación de nuestros pequeños una de nuestras prioridades en la vida. Si les damos la vida, démosle las herramientas para usarla!