El Llegatardismo, la enfermedad de los impuntuales

El Llegatardismo, la enfermedad de los impuntuales

Todos tenemos un amigo o familiar que siempre llega tarde a todas partes y al que debemos esperar durante varios minutos e incluso horas. Una impuntualidad que en muchos casos se convierte en una patología a la que los médicos han bautizado con el nombre de “Llegatardismo”.

Una enfermedad que ha sido diagnosticada tras conocer el caso de Jim Dunbar, un hombre que siempre ha llegado tarde a todas sus citas, ya fueran de negocios, de amor, de familia o de amistad, lo que le ha llevado a verse obligado a afrontar la pérdida de trabajo en múltiples ocasiones y a fracasar dentro del ámbito amoroso con excesiva frecuencia.

Sin embargo, Jim Dunbar no pone en práctica el Llegatardismo de forma intencionada, sino que su falta de puntualidad se debe, según los expertos, a que su cerebro no es capaz de estimar cuánto tiempo ha pasado desde que ha iniciado una actividad concreta, lo que convierte la tarea de llegar pronto en algo prácticamente imposible.

Es por ello que los médicos han decidido identificar este curioso trastorno con el nombre de Llegatardismo tras conocer el caso de este señor de 57 años que, por supuesto, llegó a su cita con el doctor una hora más tarde de lo previsto.

El Llegatardismo, un caso extremo

Aunque el Llegatardismo puede afectar tanto a ellas como a ellos y no se trata de une enfermedad aislada que solo haya tenido lugar en la vida de Jim Dunbar, es importante que tengamos en cuenta que no todas las personas impuntuales padecen este trastorno. De hecho, las situaciones que han protagonizado la vida de Jim Dunbar y que han afectado tanto a su salud laboral como personal han sido siempre muy extremas. Una de las más destacadas fue su intento de llegar al cine a las 19.00 horas. Para conseguirlo, decidió levantarse a las ocho y cuarto de la mañana para tener tiempo de llevar a cabo todas sus tareas. Sin embargo, y a pesar de estar absolutamente mentalizado de que debía ir a ver la película a las siete en punto, finalmente Jim Dunbar llegó a la sesión cuando ya hacía 20 minutos que el largometraje había empezado, lo que nos demuestra que, para padecer Llegatardismo, es necesario que el simple hecho de llegar puntual a las citas se convierta en un auténtico calvario.