SONY DSC

De Ucrania a Ceuta: anhelos de libertad

Esta semana hemos vivido en la prensa, en las televisiones, en Internet, la lucha de la raza humana por aquello que le es más intrínseco y que cuando se le niega es capaz de generar los comportamientos más rebeldes o subversivos: la lucha por la libertad y un paso más allá, la lucha por un futuro mejor, por una vida digna y un mundo que ofrecer a sus hijos.

En Ucrania, el pueblo unido desde la llamada Plaza de la Libertad en Kiev, ha librado una durísima batalla hasta derrocar al presidente Yanukovich, anhelando un futuro acercamiento a la Unión Europea que les proporcione un aumento de su bienestar económico y laboral. Decenas de muertos ha costado este deseo que en principio parecía quimérico pero que ha culminado en el abandono del poder del pro-ruso presidente y la liberación de la antigua líder ucraniana Julia Timoshenko, mucho más cercana a las posturas de aperturismo hacia Occidente.

Seguimos viviendo también la lucha de los estudiantes y la oposición venezolana por combatir a ese personaje kafkiano y surrealista que ha dado continuidad a la tiranización que en su momento inició Hugo Chávez y que ahora se transmuta cual pájaro de mal agüero en Maduro. Otra vez más, varias generaciones de venezolanos reclaman un porvenir mejor, simplemente seguro en un país asfixiado por la violencia y que no ha sido capaz de aprovechar sus benditos recursos naturales para crear un clima sostenido de paz social y bienestar. Podríamos citar más ejemplos en los que últimamente el mundo nos ha mostrado su rebelión en aras de conseguir simplemente el oxígeno para vivir. Las comunidades organizadas contra los cárteles de la droga en Sinaloa en México son muestra de ello, y aquí, tan cerca como en nuestras fronteras no nos tapemos los ojos a esa realidad de africanos que tratando de saltar una valla con concertinas, no buscan más que el justo anhelo humano de tener una vida mejor.

No pensemos que los manifestantes de la plaza de Kiev o de Caracas están tan lejos de ese sufrido grupo de corredores hacia ninguna parte que cada día intenta alcanzar nuestras fronteras. Nos equivocaríamos haciéndolo o volviendo la mirada hacia otro lado.

Todos tenemos derecho a querer el mejor de los mundos para nosotros y para los nuestros y aquí también deberíamos pensar responsablemente en que estamos haciendo para al menos echar una mano en este sentido.