François Hollande

De los cuernos de Hollande

Hace un mes comentábamos aquí la cacareada escena de celos de Michelle Obama con el presidente americano en la celebración del funeral de Mandela. Sus caras, su necesidad de colocarse entre medias de Barack y su animada nueva amiga noruega, su espectáculo para el gran público. La noticia acabo eclipsando el funeral del que posiblemente ha sido el personaje más importante de los últimos cien años en el mundo.

Viene al caso recordarlo pues esta semana nos hemos visto inundados por las noticias del affaire de Francois Hollande, el presidente de la República francesa, con una actriz de cine y el consecuente ingreso hospitalario de su actual compañera, engañada y destruida.

La historia nos ha devuelto al famoso caso de Bill Clinton y la ínclita becaria de la Casa Blanca que casi le cuesta el puesto al mejor presidente americano de los últimos treinta años.

Ya hablábamos hace dos semanas de la reducción a los signos de la mayoría de información que recibimos. Nos centrábamos en el aspecto formal de aquello que visualmente procesamos y desciframos. Esta semana nos toca con la trivialización de los mensajes que consideramos importantes o al revés, con la importancia de aquella información que nos debería resultar trivial.

En un mundo arrastrando más de cinco años en crisis, con cotas de crecimiento paupérrimas que ni siquiera aseguran los niveles de empelo, con una mitad del planeta pasando un hambre invisible para la otra mitad, todos los medios del mundo nos acentúan la bragueta de Monsieur Hollande, los tonteos de Mr Obama, los juegos de Mr Clinton o las correrías de Berlusconi o el Duque empalmado. Imagino que mientras seguimos entretenidos en el chascarrillo de porteras de barrio, en el chisme de sillas de espadaña a la puerta de una casa de pueblo, nos olvidamos de la gente que mira en los contenedores de basura, de la marginalidad en los barrios de muchas de las grandes ciudades del mundo, de las largas colas en el INEM. Nunca está de más conocer que nuestras miserias son también miserias en aquellos que entendemos nos pusieron aquí y de esta manera.

Los cuernos de Monsieur Hollande, aireados en las páginas de las revistas, no son más que la venganza doméstica y resignada de los ciudadanos del mundo que las pasan putas por llegar a fin de mes. Creo que a eso nos hemos entregado.